Las Batuecas

 

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, estar en Las Batuecas es estar distraído y ajeno a aquello de que se trata: es decir, absorto y embelesado. Son sensaciones que siguen sintiendo los visitantes de este valle secreto, protegido por escarpadas montañas y donde se localiza un bello bosque de carácter mediterráneo

 

Si a ello añadimos las valiosas pinturas rupestres del Neolítico que se descubren en las cuevas y abrigos del valle, el alto valor cultural de las leyendas sobre Las Batuecas, y el conjunto arquitectónico y etnográfico del pueblo de La Alberca, nos encontramos con un espacio casi sin parangón dentro de toda Castilla y León. En lo más profundo del valle está enclavado el convento carmelita de San José y de su misma puerta parte un recorrido a pie que se dirige hacia la cascada del Chorro y que permite conocer de primera mano todas las bellezas paisajistas de Las Batuecas.

 

Especificaciones:

Para comprender la magnitud natural de la zona no hay como asomarse al Portillo de las Batuecas a 1398 metros y ver lo profundo del valle casi subtropical a 600 metros de altitud.
Para ello seguiremos la carretera en dirección a La Alberca dejando ésta atrás por una sinuosa carretera que irá descendiendo desde el Portillo hasta las puertas del monasterio carmelitano de San José de Las Batuecas.
Paraíso mítico del Barroco, el valle de Las Batuecas, núcleo del Parque Natural, es un lugar de extraordinaria riqueza faunística, botánica y paisajística a la par que histórica.
Entre las especies que viven y crían aquí y en todo el área que comprende la Reserva de la Biosfera, destacan el buitre negro, el buitre leonado, el lince, el zorro, el águila imperial, al águila real, el búho real, el mirlo acuático, el alimoche, la cabra montés, el corzo, la becada, la perdiz, el conejo y el jabalí a los que hay que añadir un sinfín de especies de anfibios, aves y reptiles.
Ingente es a su vez la variedad de especies arbóreas y plantas que colorean la zona a lo largo de la cadencia de las estaciones: sobresalen las encinas y los alcornoques pero hay también acebos, madroños, durillos, cipreses, arces, enebros, jaras, brezos, alisos, pinos, nogales, castaños, cedros, robles, nardos, espliego, tomillo, orégano… e incluso, en el término de la Hergüijuela de la Sierra, el único haya autóctono de la provincia que ha sido considerado como el más meridional de Europa.

Fluye, salvaje y límpido, a lo largo de 12 km, por estos pronunciados y agrestes paisajes, el río Batuecas, que nace en las peñas más altas de la Sierra de La Alberca dando lugar a su paso a un bello salto conocido como el Chorro y continuando hasta el santuario de San José antes de fundirse kilómetros más adelante con el Ladrillar en Las Mestas y, a la altura de Sotoserrano, con el Alagón.
Poblada desde tiempos prehistóricos (unos 5500 años), esta zona está salteada de pinturas esquemáticas del Neolítico. Siguiendo la tapia del convento por la izquierda y, después de frente, paralelos siempre al río, se puede dar un agradable paseo por el bosque de galería, hasta encontrarnos con el Chorro y otras cascadas de gran belleza. En el recorrido podemos acercarnos, entre otras, al “Canchal de las Cabras Pintás”, el primer abrigo con pinturas rupestres en ser identificado, existiendo en La Alberca un aula de interpretación de los restos arqueológicos de todo el valle que hace posible un mejor conocimiento de los hombres prehistóricos que poblaron esta comarca.

 

Relevancia:

Parque Natural.
Espacio protegido.

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